Los premios Oscar, los Emmy, el Super Bowl y la Copa Mundial de la FIFA forman parte de una nueva etapa del entretenimiento digital. Las plataformas de streaming buscan atraer audiencias con transmisiones en directo que durante décadas estuvieron reservadas para la televisión tradicional.
Durante años, la gran ventaja del streaming radicaba en la autonomía para decidir qué consumir y cuándo hacerlo. A diferencia del cable y la televisión tradicional, encorsetados en parrillas horarias estrictas, las plataformas digitales priorizaron un catálogo accesible bajo demanda. Pese a esto, los eventos deportivos y las galas de premios presentaban un reto específico, ya que su atractivo principal reside, fundamentalmente, en presenciarlos en riguroso directo.
Dicha distinción empieza a desvanecerse. Diversos pactos firmados entre gigantes tecnológicos, competiciones deportivas y corporaciones de ocio evidencian que los directos ganan un peso estratégico muy superior dentro del sector del streaming. Dicha táctica no se limita a ofrecer los contenidos a través de otros canales, sino que busca captar de forma directa a espectadores ávidos de vivir vivencias conjuntas de manera instantánea.
Las distinciones y la disciplina deportiva migran de pantalla
Uno de los anuncios más representativos de esta transformación fue la decisión de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de trasladar la ceremonia de los premios Oscar a YouTube a partir de 2029. La plataforma obtuvo los derechos de transmisión después de competir con ABC, cadena que había emitido la gala durante décadas. El acuerdo se extenderá hasta 2033 y marca un cambio significativo en la distribución de uno de los eventos más reconocidos de Hollywood.
La televisión tradicional también perderá protagonismo en la entrega de los premios Emmy. La Academia de Artes y Ciencias de la Televisión anunció que Prime Video, el servicio de Amazon, transmitirá la ceremonia a partir de septiembre de 2027. La decisión sustituye el modelo anterior, en el que las cadenas estadounidenses ABC, CBS, Fox y NBC se turnaban para llevar el evento a los hogares.
El deporte conforma otro pilar esencial en esta transformación. Disney+ comunicó que transmitirá en vivo el Super Bowl LXI, programado para el 14 de febrero de 2027, en colaboración con ESPN. Asimismo, el partido se podrá seguir mediante ABC y ESPN, de modo que su desembarco en el streaming diversifica las alternativas de visualización sin prescindir de los canales de emisión convencionales.
La alianza contempla, asimismo, la emisión internacional del encuentro a través de Disney+. Conforme a lo comunicado, el alcance se extenderá a más de 55 territorios ajenos a Estados Unidos, abarcando naciones latinoamericanas, Brasil, el Caribe, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda.
Netflix también amplió su presencia en este terreno con un acuerdo con la FIFA para transmitir en exclusiva los partidos de la Copa Mundial de 2030 en España y Andorra. La plataforma prevé complementar los encuentros con programas previos, resúmenes diarios y contenidos adicionales relacionados con el torneo, que tendrá como anfitriones a España, Marruecos y Portugal.
A esto se añade además otro acuerdo para convertir a Netflix en la casa exclusiva en Canadá y Estados Unidos de las entregas correspondientes a 2027 y 2031 de la Copa Mundial Femenina de la FIFA. Tales movimientos evidencian que los torneos deportivos de gran envergadura se han transformado en piezas clave dentro de la estrategia de las plataformas digitales.
Motivos por los que las plataformas priorizan las transmisiones en directo
El crecimiento de estas alianzas plantea una pregunta importante: ¿los organizadores están abandonando la televisión porque sus audiencias disminuyen o son las plataformas digitales las que buscan nuevas maneras de atraer suscriptores? La respuesta parece estar en una combinación de ambos factores.
Elena Neira, autora de Streaming Wars: La nueva televisión y docente de Comunicación en la Universitat Oberta de Catalunya, opina que esta alianza favorece a los dos bandos. Desde su punto de vista, las plataformas digitales suman producciones muy valiosas a sus ofertas, al tiempo que los gestores de los eventos conectan con audiencias que poco a poco han migrado una porción de su consumo de vídeo hacia la red.
Para las plataformas, hacerse con los derechos de retransmisión de eventos célebres representa una magnífica ocasión para distinguirse de sus rivales. En un sector en el cual una gran cantidad de servicios proporcionan películas y series muy parecidas, un encuentro deportivo decisivo o una gala de premios logra transformarse en el incentivo definitivo para contratar una membresía o impedir que el usuario se dé de baja.
Los acontecimientos en directo también ofrecen una ventaja frente a los contenidos bajo demanda: concentran la atención de muchas personas al mismo tiempo. Mientras una película puede descubrir nuevas audiencias durante meses o años, una final deportiva genera una conversación inmediata que se extiende a las redes sociales, los medios de comunicación y los espacios de interacción entre aficionados.
Esta capacidad de reunir al público en un momento específico resulta especialmente atractiva para los anunciantes y las empresas que buscan llegar a grandes grupos de espectadores. Además, las transmisiones pueden complementarse con programas especiales, entrevistas, análisis y otros formatos que prolongan el interés antes y después del acontecimiento principal.
El streaming recupera características de la televisión tradicional
La expansión de los eventos en directo también revela una evolución del modelo de negocio. Aunque estas plataformas nacieron asociadas a la flexibilidad y al consumo bajo demanda, cada vez incorporan más elementos que históricamente caracterizaron a la televisión por cable, como la publicidad, los acuerdos de distribución de contenidos ajenos y las retransmisiones programadas.
Neira señala que este modelo puede resultar económicamente costoso, pero ofrece ciertas ventajas frente a la producción de contenido original. Crear una serie o adquirir derechos exclusivos de una película implica asumir riesgos relacionados con su aceptación por parte del público. En cambio, los eventos consolidados cuentan con comunidades de seguidores y una demanda que suele existir antes de que comience la transmisión.
Esto no garantiza necesariamente su triunfo. El valor de las licencias, los gastos técnicos y el poder de convocatoria ante la audiencia continúan siendo elementos clave. A pesar de esto, el prestigio de franquicias como los Oscar, la FIFA, la NFL o la WWE puede propiciar que los operadores consoliden una personalidad más clara y disminuyan la sensación de que la oferta audiovisual es idéntica en todas partes.
La estrategia igualmente propone un nuevo enfoque respecto al concepto de las suscripciones. Ahora, el suscriptor no solo accede a un repertorio disponible para cuando le apetezca hojearlo, sino a una mezcla de programas que abarca eventos cuya importancia está ligada al momento exacto de su emisión. Así, las plataformas de streaming logran conjuntar la comodidad de uso con vivencias en vivo compartidas por la audiencia.
El deporte lidera una tendencia que seguirá creciendo
La incorporación de grandes eventos no comenzó con los recientes acuerdos. Plataformas como Twitch, YouTube Live y Facebook Gaming llevan años familiarizando a las audiencias con las retransmisiones en directo, especialmente entre los espectadores más jóvenes. Esta experiencia ha contribuido a normalizar el consumo de contenido en tiempo real a través de dispositivos conectados.
Las cifras también reflejan el interés por esta modalidad. PricewaterhouseCoopers (PwC) estimó que en 2025 más de 90 millones de estadounidenses verían acontecimientos deportivos mediante streaming al menos una vez al mes, frente a los 57 millones registrados en 2021. La comparación evidencia el crecimiento de este hábito de consumo, aunque no implica que todos esos espectadores hayan abandonado por completo la televisión tradicional.
Los acuerdos deportivos refuerzan esta dirección. Prime Video incorporó derechos de transmisión de partidos de la NBA y la WNBA, además de carreras de NASCAR. Apple TV, por su parte, acordó emitir carreras de Fórmula 1 durante cinco años, mientras que Netflix amplió su oferta deportiva con la transmisión de Raw, el programa de lucha libre de la WWE.
Estas iniciativas muestran que el directo ya no constituye una excepción dentro del catálogo digital. Se está convirtiendo en una herramienta para captar público, estimular la conversación y fortalecer la relación entre las plataformas y sus suscriptores.
La televisión abierta y el cable todavía conservan un papel relevante, pero ahora compiten con empresas tecnológicas que cuentan con alcance internacional y modelos de distribución distintos. A medida que se renueven los contratos y aparezcan nuevas alianzas, será necesario observar cómo evolucionan los precios de los derechos, la publicidad y las opciones disponibles para los espectadores.
El avance del streaming en los grandes eventos representa, en definitiva, una transformación de la industria audiovisual. La disputa ya no se limita a ofrecer las mejores películas o las series más populares: también consiste en reunir a millones de personas frente a una misma pantalla digital cuando ocurre algo que todos quieren ver.
